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Le damos la mejor tarifa al que menos nos necesita

  • Foto del escritor: Waldin Duran
    Waldin Duran
  • hace 5 días
  • 4 min de lectura

Por qué el precio dinámico protege al cliente que ya sabía defenderse y deja expuesto al que solo tenía con qué confiar.

Etiquetas de precio superpuestas sobre una tarjeta gris, con luces cálidas y fondo oscuro; se ven $180, $159 y $120.

"El corporativo siempre tendrá la mejor tarifa disponible."


Lo repetimos en cada negociación, en cada RFP, en cada correo donde defendemos la reserva directa frente a la OTA. Y en muchos casos es verdad. Pero hay un matiz que preferimos no mirar de cerca: esa promesa solo se cumple para quien firmó el contrato correcto.


Para los demás, el precio dinámico no siempre protege. A veces expone.


Durante años vendimos el revenue management como una conquista técnica, y lo es. Ajustar la tarifa en tiempo real según demanda y ocupación captura ingreso que antes se perdía. A estas alturas nadie serio lo discute.


El problema no es el mecanismo. Es que no todos nuestros clientes viven la misma película frente a él.


Tres clientes, tres relaciones distintas con el mismo precio


He aprendido que la palabra "cliente" esconde por lo menos tres relaciones con el precio dinámico. Y solo una está realmente protegida.

Tipo de cliente

Cómo vive el precio dinámico

Riesgo de confianza

Corporativo con tarifa dinámica (porcentaje sobre BAR)

La tarifa baja cuando baja la demanda. Siempre queda por debajo del público.

Bajo. Tiene piso y mecanismo.

Corporativo con tarifa negociada plana

Negoció un fijo. Cuando el BAR se desploma, termina pagando más que quien entra de la calle.

Alto, pero diferido. Estalla en el RFP del año siguiente.

Huésped directo de ocio

Ve el número saltar tres veces en dos días. Sin piso, sin garantía, sin relación que lo explique.

Alto e inmediato. Aprende a desconfiar y a esperar.

El primero es el que citamos cuando defendemos el modelo. Y tiene razón: si su tarifa está montada como porcentaje sobre BAR, la volatilidad juega a su favor. El descuento negociado medio en programas de empresa rondó el 14,2% en 2024, según el Hotel Procurement Report de HRS Group. Ese cliente entra siempre por debajo del mostrador.


El segundo es la trampa silenciosa. Negoció 120 fijos porque quería certeza. La demanda cae, el BAR se va a 90, y su tarifa "preferente" queda 30 por encima de lo que paga cualquiera que llega de la calle. A veces estalla al instante: la asistente de gerencia, o el propio cliente, te manda el pantallazo del precio de Booking.com reclamando por qué su tarifa corporativa sale más cara. Esa molestia pasa más de lo que admitimos. Otras veces es más lenta y más cara: lo descubre su travel manager meses después, auditando el ahorro real contra BAR. Y hay un agravante contable: si el rack sube y la tarifa negociada se mantiene plana, el programa parece ahorrar más en porcentaje aunque el costo absoluto no haya bajado un céntimo. Vendemos un ahorro que, mirado de cerca, es inflación disfrazada.


El tercero es el que decimos querer rescatar de la OTA. El que reservó directo porque confió. A ese le entregamos un número que se mueve solo, sin explicación y sin suelo. Y la investigación es incómoda: la variación de tarifa dentro de una misma estancia reduce la percepción de justicia y, con ella, la intención de reservar. No es una corazonada. Es lo que mide el consumidor cuando ve saltar el precio dos veces en un día.


Lo que me cuesta decir en voz alta


Mujer habla con un megáfono rojo en una manifestación nocturna, con expresión intensa y fondo oscuro.

El mecanismo más justo, más transparente y más protector se lo diseñamos al cliente que ya tenía poder: un contrato, un TMC, un RFP y un analista que audita cada tarifa.


Al huésped directo, ese que juramos querer "poseer", lo dejamos desnudo frente al algoritmo.

Le damos la mejor arquitectura de protección al que menos nos necesita. Y la peor, al que más confía.


Esto no va de si el precio dinámico está bien o mal. Va de para quién construimos las reglas.


Se corrige sin desmontar el revenue management


En la práctica, esto no exige renunciar a nada de lo ganado. Exige tres movimientos concretos.

  1. Revisa cada tarifa corporativa plana y calcula cuántas noches al año termina por encima del BAR. Si el número incomoda, conviértela en porcentaje sobre BAR antes de que lo haga el travel manager por ti, en la mesa donde ya no controlas la conversación.

  2. Dale suelo al huésped directo. Una tarifa de miembro, un precio mínimo garantizado, algo que transforme la volatilidad en una promesa y no en una sospecha. El directo no pide el precio más bajo del mercado; pide una razón para no abrir la OTA.

  3. Deja de vender "siempre la mejor tarifa" como absoluto. Entre paridad rota, mobile rates y promos de OTA, ese "siempre" tiene asterisco. Prometer garantía y operar excepciones erosiona más confianza que un precio alto bien explicado.


Nos gusta pensar que el precio dinámico premia al que sabe comprar. Puede ser. Pero también castiga, en silencio, al que solo sabía confiar.


Y queda una pregunta que ninguno de nuestros dashboards responde:


Si tu mejor mecanismo de protección se lo diste al cliente que ya sabía defenderse solo, ¿qué le estás ofreciendo, exactamente, al que reservó directo porque creyó en ti?


 

 
 
 

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